¿Quién nunca se ha sentido ahogado por exceso de compañía? Suele pasar. Cuando se es un soñador, como Sam, la imaginación crea un universo propio, un paraíso personal, alejado de la realidad. Que nadie lo tilde de loco, ni lo critique por andar flotando en fantasías. En el mundo marino no hace falta tener los pies sobre la tierra. Eso sí, Sam le tiene un cariño sin reservas a las pocas criaturas cercanas a él, y nada lo hiere más que no ser correspondido.
SAM (40 x 60 cm)
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